Tranductor

lunes, 22 de mayo de 2017

Publicaciones ML

Os dejo los enlaces a Lektu de los ebook que voy publicando y sus book-tráilers. Para acceder a la obra pincha en la foto.

Y Me Llamé Justicia
https://lektu.com/l/mundos-lakerianos/y-me-llame-justicia/6189
             
         

Le Llaman Macalan #1


                 

lunes, 24 de noviembre de 2014

Manifesto de un esclavo.


No me mientas, absurdo! Que el diablo lleva traje y corbata desde el principio de los tiempos.
No te atrevas, obrero del mal! Que un esclavo español tiene más valor que toda tu élite viciada.
La nobleza se engrandece entre la miseria del misericordioso, los pies en la cabeza del subyugado, la manipulación de las redes para atar a un pobre desgraciado.
No entiendes mis palabras, verdugo? De patria hablas cuando la patria estallas, multas al hambriento y al viejo desahucias más no recuerdas que tú eres libre gracias a sus hazañas... INFAME y VENENOSA es tu humanidad de estraperlo!Si no hay patria a vosotros os lo debemos, si no hay ilusión ni compañerismo, a vosotros destrozaremos.
Ni rosas, ni gaviotas, ni círculos de humo negro, que retomar el vuelo depende de un pueblo entero.
No me mientas, absurdo!Que ya no te creo, sois hijos de un mismo padre, mismo collar en distinto cuello. De la ironía de saber que soy lacayo de un lacayo me alimento. Tu triste final será un cóctel de sangre y cuernos. Nosotros pobres sí, pero enteros, pues el hombre en sí no es malo, cruel y psicópata dueño.
Y, si este país se está haciendo viejo, con más empuje y sabiduría lo sacaremos del atolladero. La bruja del castillo nos dice que "es que hay que ir muriendo" pues vivimos demasiado en un mundo creado solo para ellos.
Os comeréis vuestras palabras, títeres!!Para vosotros todo mi desprecio. El que por sus semejantes no mira, no merece ni las llamas del infierno.
Fíjese la élite el valor de este austero gremio, que aún saqueado y maltratado en pie sigue sonriendo.
Fíjese el oscuro el amor de nuestro reino, que aun buscando separatismo y racismo, no consigue nada con su intento.
Y más nos amamos y amaremos, pues aquí no hubo fronteras, ni las habrá aunque queráis que nos pisemos.
Vuestra agenda con retraso, vuestro altísimo de codicia extasiado, ríe bestia ríe mientras puedas, que en tus sacrificios de nuestros guerreros ya no estaremos.
Ríe, ríe mientras puedas, dictador con complejos, que el hambre hace al hombre más valiente y despierto.
Y, cuando finalmente nos encontremos, yo no estaré solo y a ti solo te acompañarán anhelos.


sábado, 30 de noviembre de 2013

Todavía hay gente.

Todavía hay gente que quiere a otra gente, que lucha, que se sacrifica, que llora, abraza y consuela a gente.
Todavía quedan personas, de esas que "no están de moda" por ser altruistas sin dinero.
Déjenme decirles algo; el altruista verdadero, nada tiene pues todo a su causa cede.
Hay gente que, sin conocer, ama a otra gente, ayuda a otra gente, protege a otra gente...
Casi ha culminado su obra el diablo, sin embargo, sigue aquí esa gente,
esa que nunca se enriquece, esa que, aún siendo pobre; tiene para el desvalido, para el cansado, para las víctimas de un estado endiablado.
Todavía quedamos unos cuantos,de los que abrimos, para compartir, la mano, de los que por la desgracia ajena lloramos, de los que, si hace falta, la vida por los hermanos damos...Todavía queda gente...todavía quedamos...




miércoles, 2 de octubre de 2013

Araña la noche.


Araña la noche y con ella, renacen todos mis reproches.
Me muero de frío, siento cómo, poco a poco, voy perdiendo mi brío.
Si soledad me acompaña, a mi lado sólo veo el cuchillo que araña,
recordando a la musa, ya no puedo alcanzarla y mi mente se ofusca.
¿Cuál es el remedio para un alma partida por tantos anhelos?
¿Cuál es la causa de que un alma partida rehúse el crecer a sus anchas?
Si es mi destino, clavaré aquí la bandera de este hastío,
de un camino tedioso, de una vida entre seres con complejo imperioso.
Araña la noche y, con ella, renacen todos mis reproches,
tú te mueres de frío, poco a poco me acerco y recupero mi brío.
Soledad te acompaña, yo he dejado llevarme por todas tus patrañas.
Si te recuerdo, musa, tan sólo presiento todas tus desgracias.
Recupero el aguante, de repente recuerdo todo mi talante.
Ya no hay noches con frío, paso a paso renazco, recobro el sentido.
Si me ves distante, solo estoy recuperando mi yo menguante,
pues, después del castigo, pocas armas habrá que lastimen mi señorío.
Basta ya de reproches!Que, con tanta palabra ya pierdo hasta el norte,
ese norte tan mío, ese que, de verdad, me calma el ansío.
Y aunque arañe la noche, amanece y se va cada reproche,
tú me quitaste el frío, aún sabiendo que jamás estarías conmigo.
Y con tanto anhelo, es posible olvidarse quienes son mis guerreros
mas acabó mi delirio, pues, esta voz que me calma aconseja al hundido.
Y aunque caiga la noche, las estrellas me abrazan y siento calores de este amanecer sin frío,                 de estas ganas de andar y que caminen conmigo.


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lunes, 27 de mayo de 2013

La Carta

Llego a la playa, la arena está condenadamente fría. Estoy aquí, estoy aquí...
Me acerco al mar, los auriculares están a tope con Walk you home, ni hecho a propósito hubiese coincidido esta canción, caprichoso destino...

Anochecerá en cualquier momento...


Ahora que me siento en esta orilla, ahora que vuelvo a oler este mar, ahora que la calma me eleva, le pregunto al destino por ti; le pregunto por tu soledad, si tu habitación ha vuelto a ser un templo de hielo, si sigue siendo el único que te ve llorar...
Ahora que huelo este lugar, me pregunto si has caído en la penumbra de nuevo, si te castigas mirando fotos, recordando mi risa, gritándole "lo siento" al silencio, con la única compañía de Amy y Sheether destrozando tu pecho en cada estribillo, maldiciendo al cielo por permitir el caos.
Ahora que miro, después de un año, esta ciudad... me faltas cual masoquista añora los latigazos,cual león viejo, sin furia ni dientes, se doblega ante un cruel domador.
Ahora que me giro y veo lo que fue mi dulce hogar en aquella lejana ventana, recordando el sabor de un exquisito café caliente, donde compartía con mi hija cada preocupación por tí, te echo de menos y olvido aquella fría noche, olvido las lágrimas y la rabia, tu odio y mi deshonra, tu llanto y mi miedo...
Desde esta playa que no volveré a pisar después de este angustioso aniversario, desde este precioso lugar del que jamás volveré a ser capaz de disfrutar...desde aquí perdono.

La botella comienza su viaje.


                                                     
                               
                                                  

martes, 23 de abril de 2013

La observadora

Supongo que conoces esa sensación cuando alguien te observa, mires a donde mires, no ves a nadie pero sientes que está ahí, observando cada movimiento, estudiando cada una de tus actividades. A Mario le pasaba cada vez que salía al parque que hay frente a su casa, a pasear a su perro Kas. En cambio, no le molestaba esa sensación, le daba calidez y protagonismo, le agradaba aunque fuesen imaginaciones suyas, lo cual,era muy probable. A veces, esperaba encontrar a ese alguien, esperaba que se acercase a él y le dijese "yo soy quien te observa, yo soy quien te ama", pero las fantasías de Mario sobre una misteriosa dama enamorada se quedaban acomodadas en el sofá de sus ilusiones, viendo la tele desanimadamente, sin prestar atención, cual parado deprimido. Después de haber pasado con su ex novia el mayor de los calvarios, había asumido que quizás no había nacido para tener pareja, quizás ser un lobo solitario estaba predestinado aunque, sinceramente, la posibilidad no le entusiasmaba demasiado.
Una tarde de tantas, Mario salió con Kas al parque. Los niños se balanceaban en los columpios, reían y gritaban, otros cantaban dando vueltas y un solitario, jugaba con su camión naranja a cargar arena. Mario lo observaba, le recordaba a él cuando era pequeño, siempre rodeado de gente y queriendo estar solo. Ahora le pasa todo lo contrario.
Le tiró la pelota a Kas,esa sensación de ser observado, era más fuerte que otros días, pensaba que quizás se estuviese volviendo loco, que quizás sus ansias de querer lo estaban llevando a un estado casi de esquizofrenia,  suponiendo que eso fuese posible, claro. Volvió a lanzar la pelota al perro y, cuando se la trajo, escuchó reír al niño del camión. Al fondo vio a una chica sentada en un banco que bajó la mirada en cuanto Mario la miró, la chica se acercó al niño del camión, le dijo algo. El niño tiró la arena, lo limpió y cogió de la mano a la chica, quien miró a Mario por última vez. Mario pensó en su descaro, le gustaba, le había aguantado la mirada sin reparo, incluso un poco desafiante. Así que preparó un pequeño plan para el día siguiente, esperando que aquella morena le siguiese el juego. Pero no apareció, aunque eso no impidió que Mario se siguiese sintiendo observado. Se dio la vuelta y miró para su edificio; "tiene que estar en alguna parte, muy cerca", pensaba. Se sentó en un banco, en frente del edificio y comenzó a mirar ventana por ventana mientras le tiraba la pelota al perro hacia atrás... Allí estaba, en la penúltima ventana de la derecha fumando, sentada en el alféizar. Mario ya tenía todo lo que necesitaba de momento; una cara y una ubicación. Llamó a Kas, quien escarbaba en la tierra con la pelota al lado. Ató a su mascota y volvieron a casa. Al llegar puso una cafetera y calentó la sopa, hacía un frío de mil demonios aquel invierno. No dejaba de pensar en ella, en su precioso pelo negro, en esa mirada penetrante que lo dejó vagando por el cielo de la posibilidad, posándose en la nube más esponjosa y confortable, esperando que salga el sol más brillante, si cabe.
Aclarado el misterio de la observadora, se propuso hablar con ella, invitarla a un café, charlar un rato. Inventó mil nombres que ponerle a su bella admiradora y mil tonos de voz. Imaginó su primera cita perfecta, una complicidad inigualable, la mujer de su vida, sin duda; paciente con las adversidades e impaciente a la hora de besarle. En el tercer café se imaginó conociendo a sus padres, una casa de campo de antiguas y amplias habitaciones y un jardín de ensueño. Visionó, también, un domingo de barbacoa familiar y el anuncio   de su inminente boda. Dormitando en su sofá, vio entre sueños esa impresionante ceremonia, llena de rosas blancas esparcidas por una alfombra roja, su madre lloraba emocionada pensando en lo orgulloso que estaría su padre de la chica que había conseguido, al fin.
Al día siguiente doblaba turno en la fábrica para cubrir a Luis, que tenía al niño con pulmonía.Sonó el despertador , lo tiró contra la pared de enfrente y se puso la almohada encima de la cabeza, se avecinaba un desastroso día lleno de irritaciones externas y enfados momentáneos. Medio dormido se levantó y arrastrándose se dirigió al baño. Se miró al espejo, no tenía ánimos ni para afeitarse, así que se puso el uniforme, preparó la mochila para la hora del bocadillo, se abrigó bien y salió de casa. De camino pensó en cómo conseguir que el día no se le hiciese eterno, interminable y con un hilo musical de lo más psicótico y repetitivo. Entonces, apareció su admiradora en su mente, colapsando cualquier pensamiento negativo, destruyendo los muros que le impedían pensar con claridad y ver la luz del día.
En la fábrica también trabajaba su vecino Fran, un chaval alegre, dicharachero y algo cotilla:

- Buenas llanero solitario- le dice en la entrada, situándose detrás de él en la cola.
- Buenas Fran.
- Doblas turno hoy ¿no?
- Si...
- Yo también, necesito pasta.

Entraron e inmediatamente se pusieron a trabajar. Los pusieron en la cinta. Mario empezó a rondar pensamientos románticos con su admiradora. Recordó que Fran vivía en su edificio:

- Fran ¿en qué planta vives tu?
- En la séptima, en el C ¿por?
- Tu vecina...
- ¿Marta?
- No sé cómo se llama.
- Es la única chica de la planta, en el piso B vive un matrimonio anciano.
- ¿Está casada?
- No, cuida de su sobrino por las tardes ¿te gusta?
- Me observa.
- Bueno pero ¿te gusta?
- Si, mucho.
- Es algo rarita, pero muy guapa. Invítala a tomar algo.
- ¿Y cómo lo hago?
- Tu sabrás.

Mario le estuvo dando vueltas durante las dieciséis horas de trabajo. Necesitaba invitarla de una manera original, llamar su atención para que le resultase ridículo negarse.
LLegó a casa muy cansado, según iba pasando por las habitaciones, iba tirando bártulos y ropa que llevaba puesta, camino al baño. se le ocurrió dejarle una nota pegada en la puerta con una rosa. La maduró secándose con una toalla e imaginó un bello resultado y una cena romántica en el restaurante Ragazza, uno de los mejores de la ciudad. Se tapa con la toalla amarrándola a su cadera y llaman a la puerta. Mario se extraña, son casi las doce de la noche.
Al abrir la puerta se encuentra a su misteriosa amada, quien se abalanza sin decir una palabra sobre él y se lo come a besos. Mario no puede creer que algo así le pase a él, abre ligeramente un ojo mientras se besan para ver su linda cara corrompida por un deseo imparable, por un ansia desmedida. Por primera vez en muchos años, su alma sonríe.



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miércoles, 3 de abril de 2013

El castillo de Lasswood

En una tierra lejana dominada por la penumbra y una noche eterna, vivía un pequeño saltamontes ansioso por ver la luz del día puesto que no la conocía. Paseando por el Pueblo del Valle, hablaba con los ancianos del lugar para saber porqué la noche nunca desaparecía, porqué Lorenzo no se asomaba por las montañas y valles de aquel precioso lugar, de sabiduría natural inigualable. Un día de mercado, se acercó al puesto de un viejo mercader que tosía y tosía sentado en una silla de madera de patas mordisqueadas por los perros. El mercader, al ver que el pequeño saltamontes lo observaba desde la cima de una piedra, lo invitó a conversar:

- ¿Qué te causa tanta curiosidad, pequeño saltamontes?
- La noche eterna, mercader. Nadie le da respuesta a mis preguntas, quizás usted pueda explicarme su origen o la forma de liberar al pueblo de esta oscuridad.
- Es la maldición del castillo, pequeño.
- ¿La maldición?
- Hace mucho, mucho tiempo, existió un guerrero sin igual al que por su destreza, valentía y poder sanador llamaron Carisma. El guerrero estaba bajo la orden y mandato del Rey de Lasswood...
- El señor del castillo.- interrumpió el saltamontes reconociendo la historia.
- Así es... El Rey de Lasswood era conocido por su crueldad y falta de compasión con el pueblo.
- ¿Porqué lo servía el guerrero Carisma entonces, anciano?
- Por que estaba en deuda con él. El Rey de Lasswood había salvado a la hija y a la esposa del guerrero de una muerte inminente, en la conquista del Pueblo del Valle. A cambio de tener piedad por sus vidas, Carisma prometió servir y proteger al Rey hasta el fin de sus días. El Rey de Lasswood aceptó pero, como era conocedor del alma pura de su nuevo guerrero, puso una condición: "Si traicionas mi benevolencia, tu familia  será degollada y te condenaré a vivir en la oscuridad toda la eternidad, pues no te mataré para que tu dolor te torture por los siglos de los siglos", le dijo.

En el solsticio de verano, el Rey de Lasswood anunció su pretensión de arrasar con el Pueblo del Valle para construir un nuevo mundo, a su imagen y antojo, donde predominaría la burguesía y la riqueza. Para ello, ordenó a Carisma quemar las casas de sus antiguos vecinos y matar a todos sus habitantes.
El guerrero, asintió y eligió a tres de sus más fieles hombres para que lo acompañaran en este horrible e infame cometido que le había sido otorgado. De camino, uno de sus guerreros preguntó:

  - ¿Seremos capaces de matar a nuestros amigos y vecinos, mi señor?
  - No, no lo haremos. -contestó el guerrero-Sacaremos a la gente del valle y la llevaremos lejos, mientras Sandro quema sus casas. Los ayudaremos a establecerse en otro lugar, sin que el Rey lo sepa jamás.

Cuando volvieron al castillo,-continuó relatando el sabio anciano- El Rey de Lasswood preguntó a Carisma si había cumplido su orden sabiendo ya la respuesta verdadera, pues había mandado a otro guerrero a comprobar que Carisma cumplía. Al escuchar la mentira, el Rey enfureció y lo condenó a la oscuridad eterna diciéndole: "Vivirás en la mayor de las oscuridades, con la pena y la agonía, con la falta de luz y de alegría, sin cariño y sin vida. Allá donde vayas, la oscuridad irá contigo y la penumbra se hará en tu cielo. Todo aquel al que te acerques huirá de ti pues sentirá tu ahogo y, la negrura de tu alma traicionera los asustará."
 - ¿Debo entonces encontrar al guerrero Carisma?- preguntó el pequeño saltamontes.
- Debes encontrarlo y liberarlo de su maldición, para que la luz vuelva a los valles.
- ¿Y cómo lo hago, sabio?
- Una vez que lo encuentres, viajaréis hasta el castillo donde sigue viviendo el tirano, confinado entre las paredes del frío imperio que habita.
- ¿Cómo está tan seguro de que estará allí?
- Porque la leyenda cuenta que la traición de Carisma y la maldición lo hicieron débil, desconfiado y temeroso, nunca volvió a salir de Lasswood. Y por esa razón volvió la gente a reconstruir el poblado.
- Por fin sé lo que debo hacer ¡Muchas gracias viejo sabio! Traeré la luz de vuelta a los valles.
- Que la fortuna acompañe tus pasos, pequeño amigo, tienes mucho que caminar.

El pequeño saltamontes comenzó su trayecto hacia los bosques de Lasswood. Según se adentraba en él, la oscuridad se iba haciendo más espesa, hasta obligar al saltamontes a sentirse un ciego sin bastón, caminando a la intemperie de una noche que no cesaba. De repente alguien le susurró, una voz infante y risueña:

- ¿A dónde vas saltamontes?- le preguntó la voz.
- Voy en busca del guerrero Carisma, me ayudará a acabar con la noche eterna de los valles.
- Hacía tiempo que nadie se atrevía a cruzar este bosque, te admiro y te deseo suerte. Acompañaremos tu viaje gustosamente.- le dijo.

De repente su camino se iluminó, dejando ver por dónde iba y hacia dónde:
- ¡Eres una luciérnaga! Gracias,amiga. Os agradezco vuestra ayuda.
- No des gracias ahora, cumple tu cometido, llega a tu meta, agradece después.
- ¿Cómo podré recompensaros?- preguntó el saltamontes sin dejar de caminar.
- La luz del día será nuestra recompensa. Sin el sol, las flores y árboles no proliferan y mueren, el bosque es ahora un cementerio de mil especies que se rinden a la falta de calor y energía. Por lo tanto no hay alimento, ni manera de sobrevivir. Salva el alma del guerrero, la vida del bosque y el pueblo...

El pequeño saltamontes caminó y caminó sin descanso saltando de piedra en piedra, subiéndose a las ramas de los árboles para ver más allá. Comenzó a llamar al guerrero:

- ¡Carismaaaa!¿¡Dooonde estáaas!? ¡Carismaaa!
- No te oye- dijo una voz robusta- Sus oídos y sus ojos están tapados por la cueva en la que se encuentra.
-¿Y qué cueva es esa?
-La Cueva del Olvido. Estás cerca, sigue adelante.

El saltamontes intentó adivinar de dónde venía esa voz grave pero no consiguió personalizarla y siguió su ruta buscando La Cueva del Olvido.
Unas luciérnagas que se adelantaron para investigar, volvieron con buenas noticias:
- Saltamontes ven, el guerrero está allí.

El saltamontes corrió y saltó sin descanso hasta adentrarse en la cueva, más oscura, si cabe, que el bosque de Lasswood. Vio al guerrero, con una venda en los ojos que también tapa sus oídos:
-Carisma- le dijo. El guerrero movió la cabeza a los lados asustado, respiró fuerte y se arrastró hasta una de las paredes de la cueva arrinconándose, el miedo lo dominaba.- No temas Carisma, he venido a ayudarme.
- Nadie puede ayudarme ¿quién eres?
- Soy el saltamontes del Pueblo del Valle, tu pueblo. Debes despojarte de tus miedos, quitarte esa venda de los ojos y venir conmigo al castillo para acabar, por fin, con la tiranía del Rey de Lasswood.
- Eso es imposible, no veremos nada, jamás llegaremos.
- Nosotras iluminaremos vuestro camino, gran guerrero, no temas, no estás solo.

El guerrero sonrió por primera vez en mucho tiempo y, con esa sonrisa, la venda que tapaba sus ojos se desató sola y desapareció deshaciéndose en el suelo, como si la rociaran con ácido:
- No perdamos más tiempo- dijo el guerrero.

Echaron a andar. Según se acercaban al castillo la niebla se iba haciendo más espesa, parecía humo. Pero ya se apreciaba a lo lejos el castillo pues las antorchas iluminaban su contorno:
-Ahí está- dijo el guerrero- Debemos tener cuidado con los vigilantes, saltamontes, son gente sangrienta.
- Me colaré y veré dónde están y cuántos son, así jugaremos con ventaja.
- Ve pues.
El pequeño saltamontes estaba frente al castillo observando cada detalle, divisó dos vigilantes en la entrada y tres que custodiaban el castillo por fuera, a cada lado. Una vez dentro, parecía no haber más vigilantes. Corrió por un largo y frío pasillo que terminaba en una habitación con una puerta enorme, tallada en madera. Saltó para ver qué había dentro por la ranura. Vio al rey postrado en una cama, pálido y ojeroso, triste, mustio y compungido. Escuchó pasos y, al darse la vuelta, vio como dos vigilantes se acercaban a la puerta así que, aprovechándose de su tamaño y agilidad, se coló en el habitáculo por la ranura y saltó por la ventana para volver con Carisma:
- ¿Que has averiguado, pequeño?- preguntó el guerrero.
- Hay seis guardias fuera, pero tan solo dos dentro, custodiando los aposentos del viejo rey. Lo más sencillo es entrar por detrás, el castillo está desprotegido.
- No demoremos más.- dijo el guerrero.

Bordearon el castillo, de un gran salto, el saltamontes entró de nuevo buscando una cuerda para que Carisma pudiese trepar y entrar. La encontró en uno de los habitáculos, donde el rey guardaba vasijas antiguas. Ató una parte de la cuerda a la pata de un mueble pesado de roble que había en aquella misma habitación y llevó el otro extremo de la cuerda hasta la ventana por la que subiría Carisma.
Mientras el guerrero trepaba, el saltamontes volvió a la estancia de las vasijas buscando una espada o cuchillo con el que Carisma pudiese atacar a los guardias y matar al tirano:
- He encontrado una espada, guerrero. Está vieja pero no oxidada ¿podrás usarla contra el malévolo?
- Una vieja espada para un viejo malvado. Es perfecta- dijo mientras la observaba.

Con sigilo, se acercaron a la habitación del rey, la cual, seguía custodiada por dos guardias. El pequeño saltamontes corrió por el pasillo haciéndo ruidos, saltando encima de muebles y lámparas, para despistar y desviar la atención de los vigilantes:
-¿Qué ha sido eso?- preguntó uno de ellos.
- No lo sé, vamos a ver.

Cuando los guardias abandonaron sus puestos, el guerrero Carisma y el pequeño saltamontes entraron en los aposentos del rey quien, postrado en una cama, parecía delirar. 
Carisma se acercó a él empuñando la vieja espada, el rey no podía ver, ciego por su cruel pasado, pero sí sentía. Carisma empuñó la espada con sus dos manos y apuntó a su pecho pero, en ese último instante, el rey habló:

- ¿Saira?¿Eres tú, amada mía?¿He muerto, por fin?¿Estoy ya en tu reino, mi querida y añorada esposa?

Carisma al ver aquello, escuchar su pena y su desgracia, se dio cuenta de que el rey del castillo de Lasswood ya había recibido su castigo y, aliviado, sonrió al entender que en ese preciso momento, de su maldición había sido librado. El pequeño saltamontes miraba por la ventana mientras Carisma veía cómo el rey daba su ultimo respiro, su último aliento:
- ¡Carisma, Carisma! Ven, asómate.

El guerrero Carisma miró y comprobó cómo poco a poco, la noche se iba disipando. Por primera vez en muchos, muchos años, amanecía en el Pueblo del Valle...



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