Tranductor

lunes, 24 de noviembre de 2014

Manifesto de un esclavo.


No me mientas, absurdo! Que el diablo lleva traje y corbata desde el principio de los tiempos.
No te atrevas, obrero del mal! Que un esclavo español tiene más valor que toda tu élite viciada.
La nobleza se engrandece entre la miseria del misericordioso, los pies en la cabeza del subyugado, la manipulación de las redes para atar a un pobre desgraciado.
No entiendes mis palabras, verdugo? De patria hablas cuando la patria estallas, multas al hambriento y al viejo desahucias más no recuerdas que tú eres libre gracias a sus hazañas... INFAME y VENENOSA es tu humanidad de estraperlo!Si no hay patria a vosotros os lo debemos, si no hay ilusión ni compañerismo, a vosotros destrozaremos.
Ni rosas, ni gaviotas, ni círculos de humo negro, que retomar el vuelo depende de un pueblo entero.
No me mientas, absurdo!Que ya no te creo, sois hijos de un mismo padre, mismo collar en distinto cuello. De la ironía de saber que soy lacayo de un lacayo me alimento. Tu triste final será un cóctel de sangre y cuernos. Nosotros pobres sí, pero enteros, pues el hombre en sí no es malo, cruel y psicópata dueño.
Y, si este país se está haciendo viejo, con más empuje y sabiduría lo sacaremos del atolladero. La bruja del castillo nos dice que "es que hay que ir muriendo" pues vivimos demasiado en un mundo creado solo para ellos.
Os comeréis vuestras palabras, títeres!!Para vosotros todo mi desprecio. El que por sus semejantes no mira, no merece ni las llamas del infierno.
Fíjese la élite el valor de este austero gremio, que aún saqueado y maltratado en pie sigue sonriendo.
Fíjese el oscuro el amor de nuestro reino, que aun buscando separatismo y racismo, no consigue nada con su intento.
Y más nos amamos y amaremos, pues aquí no hubo fronteras, ni las habrá aunque queráis que nos pisemos.
Vuestra agenda con retraso, vuestro altísimo de codicia extasiado, ríe bestia ríe mientras puedas, que en tus sacrificios de nuestros guerreros ya no estaremos.
Ríe, ríe mientras puedas, dictador con complejos, que el hambre hace al hombre más valiente y despierto.
Y, cuando finalmente nos encontremos, yo no estaré solo y a ti solo te acompañarán anhelos.


sábado, 30 de noviembre de 2013

Todavía hay gente.

Todavía hay gente que quiere a otra gente, que lucha, que se sacrifica, que llora, abraza y consuela a gente.
Todavía quedan personas, de esas que "no están de moda" por ser altruistas sin dinero.
Déjenme decirles algo; el altruista verdadero, nada tiene pues todo a su causa cede.
Hay gente que, sin conocer, ama a otra gente, ayuda a otra gente, protege a otra gente...
Casi ha culminado su obra el diablo, sin embargo, sigue aquí esa gente,
esa que nunca se enriquece, esa que, aún siendo pobre; tiene para el desvalido, para el cansado, para las víctimas de un estado endiablado.
Todavía quedamos unos cuantos,de los que abrimos, para compartir, la mano, de los que por la desgracia ajena lloramos, de los que, si hace falta, la vida por los hermanos damos...Todavía queda gente...todavía quedamos...




miércoles, 2 de octubre de 2013

Araña la noche.











Araña la noche y con ella, renacen todos mis reproches.
Me muero de frío, siento cómo, poco a poco, voy perdiendo mi brío.
Si soledad me acompaña, a mi lado sólo veo el cuchillo que araña,
recordando a la musa, ya no puedo alcanzarla y mi mente se ofusca.
¿Cuál es el remedio para un alma partida por tantos anhelos?
¿Cuál es la causa de que un alma partida rehúse el crecer a sus anchas?
Si es mi destino, clavaré aquí la bandera de este hastío,
de un camino tedioso, de una vida entre seres con complejo imperioso.
Araña la noche y, con ella, renacen todos mis reproches,
tú te mueres de frío, poco a poco me acerco y recupero mi brío.
Soledad te acompaña, yo he dejado llevarme por todas tus patrañas.
Si te recuerdo, musa, tan sólo presiento todas tus desgracias.
Recupero el aguante, de repente recuerdo todo mi talante.
Ya no hay noches con frío, paso a paso renazco, recobro el sentido.
Si me ves distante, solo estoy recuperando mi yo menguante,
pues, después del castigo, pocas armas habrá que lastimen mi señorío.
Basta ya de reproches!Que, con tanta palabra ya pierdo hasta el norte,
ese norte tan mío, ese que, de verdad, me calma el ansío.
Y aunque arañe la noche, amanece y se va cada reproche,
tú me quitaste el frío, aún sabiendo que jamás estarías conmigo.
Y con tanto anhelo, es posible olvidarse quienes son mis guerreros
mas acabó mi delirio, pues, esta voz que me calma aconseja al hundido.
Y aunque caiga la noche, las estrellas me abrazan y siento calores de este amanecer sin frío,   de estas ganas de andar y que caminen conmigo.

-ML©-

domingo, 23 de junio de 2013

Andantes ignorantes

“Caballeros andantes que ignoráis a quien os ama y amáis al diablo bebedor que, como no, os invita a una copa. Tengo vuestro tacto y amargura, el egoísmo de quien os odia, mi claridad y paciencia, vuestras ganas… mi impotencia.
Camino por la espalda de aquel que se atreve a pronunciar mi nombre y castigo, con la misma objetividad que la vez anterior, sus fallos. Sentenciando, así, que su destino sea mío y que su futuro ya haya estado en mi boca. Tu pesadilla será la gracia posando la mano sobre mi hombro... diciéndome: "equivocarse en esto es de tontos”.
Mientras, Dios juega una partida de poker, el diablo apuesta al ganador y regala clientes al hostal del terror.
Tras una noche entre humo y tragos, amanece un día distinto. Estáis sucios, despeinados y, unos metros más abajo. 
El rojo maestro de las sombras, cuenta sus alhajas con la ayuda de sus almas en pena, que deambulan por su gran castillo de fuego.

Caballeros ignorantes de quien os ama, amar a quien debéis, no a quien apuesta por el que gana”

lunes, 27 de mayo de 2013

La Carta

Llego a la playa, la arena está condenadamente fría. Estoy aquí, estoy aquí...
Me acerco al mar, los auriculares están a tope con Walk you home, ni hecho a propósito hubiese coincidido esta canción, caprichoso destino...

Anochecerá en cualquier momento...


Ahora que me siento en esta orilla, ahora que vuelvo a oler este mar, ahora que la calma me eleva, le pregunto al destino por ti; le pregunto por tu soledad, si tu habitación ha vuelto a ser un templo de hielo, si sigue siendo el único que te ve llorar...
Ahora que huelo este lugar, me pregunto si has caído en la penumbra de nuevo, si te castigas mirando fotos, recordando mi risa, gritándole "lo siento" al silencio, con la única compañía de Amy y Sheether destrozando tu pecho en cada estribillo, maldiciendo al cielo por permitir el caos.
Ahora que miro, después de un año, esta ciudad... me faltas cual masoquista añora los latigazos,cual león viejo, sin furia ni dientes, se doblega ante un cruel domador.
Ahora que me giro y veo lo que fue mi dulce hogar en aquella lejana ventana, recordando el sabor de un exquisito café caliente, donde compartía con mi hija cada preocupación por tí, te echo de menos y olvido aquella fría noche, olvido las lágrimas y la rabia, tu odio y mi deshonra, tu llanto y mi miedo...
Desde esta playa que no volveré a pisar después de este angustioso aniversario, desde este precioso lugar del que jamás volveré a ser capaz de disfrutar...desde aquí perdono.

La botella comienza su viaje.


                                                     
                               
                                                  

miércoles, 22 de mayo de 2013

Confesiones y pensamientos de un parricida.


Borracho, siempre llega borracho. Apestando a tugurio de mala muerte, a perfume barato de esquina y a tabaco. La orquesta de gritos comienza a sonar cuando, después de diez minutos, todavía no ha sido capaz de meter la llave en la cerradura y abrir la puerta. Tan inútil y cansino, tan injusta la vida y yo tan decepcionado, y eso que, aun no estoy ni a medio camino. Mi hermano llora, como cada noche, entre llantos grita mientras lo abrazo y le susurro implorándole al silencio, pero el silencio, como buen mudo, también es sordo y mi hermano un crío; un crío que invoca al milagro el cual, nos ignora. Mete la cabeza bajo la almohada y, sin abandonar el sollozo me dice: “quiero que se vaya, haz que se marche”. No puedo más, últimamente solo pienso en matarle.
Mama no desvanece, es una heroína, pero yo solo soy un diablo que espera su momento para sacar los cuernos y clavarle a ese despojo mi puntiaguda cola.
Se acaba la función, mi padre cae rendido, mi madre lo desnuda y lo mete en la cama. Acurruco a mi hermano hasta que se queda dormido y salgo
-¿A donde vas?- pregunta.
-A dar una vuelta.
-Son las dos de la mañana y es jueves.
-Hasta luego mama- le digo mientras cierro la puerta obviando su última frase.
Maldito, cloaca humana…solo puedo pensar en él y en su olor a taberna. Me enciendo un cigarrillo y me siento en el banco del paseo, en dirección al mar.  El viento abofetea mi cara pero me hace compañía, trayéndome el olor del eucalipto hasta la costa. Ahí viene Adán, siempre está por aquí, es el “trapiches”:
-¿Qué pasa fiera? ¿Movida otra vez?
-Como cada noche Ad.
-Capullo.
-Es algo más que un capullo.
-¿Un porrito?
-Claro.
Fumamos en silencio, escuchando la belleza de una profunda calada que, tímida, se presenta ante el cortante soplo de Enero. Viene la imagen de mi hermano a mi mente… felicidad fugaz, la mía… Adán me observa sin comprenderme. Me sugiere que abandone esa casa, que tengo diecisiete años y puedo mantenerme solo. Eso ya lo sé pero, mi hermano y mi madre lo son todo. Decido volver a casa, me he retrasado más de lo que esperaba, ya está levantado, ¿cómo es posible? Todavía debe estar borracho:
-¿Donde estabas?- me pregunta sin mirarme si quiera.
-Dando una vuelta.
Un silencio cortante raja de lado a lado la distancia entre él y yo:
-Tienes que ponerte a trabajar- dice- no llegamos a fin de mes.
-No pienso trabajar, trabaja tú que eres el que se lo gasta.
Me abofetea, discurre menos que un primate, no sabe ni qué contestarme, penoso e ignorante, se siente impotente, pega. Me coge del cuello:
-Mira niñato- me escupe mientras me habla, tiene tanto alcohol en la sangre que no controla ya ni su propia motricidad, arrastra silabas y las palabras se resisten a pasar por su etílica boca- aquí somos demasiados así que, o te pones a trabajar o te largas de mi casa- me suelta el cuello.
Sus ojos están inyectados en sangre.  Se da la vuelta y le falla una pierna, tropieza, se tambalea pero no se cae. Sigue andando hacia la cocina:

-Voy a matarte papa.-  le digo.

Gira solo medio cuerpo y me mira con superioridad mientras se ríe, no dice nada, cambia de dirección, se va hacia el baño y se mete en la ducha.
Me voy a mi cuarto, paso antes por el de mi hermano para comprobar que sigue durmiendo. Duerme a placer, tranquilo, sin gritos ni golpes a su alrededor, sin insultos ni sustos. Al menos, de momento.
Me desnudo y me acuesto. Meto las manos por debajo de la almohada, me relaja, está fresquito, los ojos empiezan a pesar…:

-Levántate, son las tres de la tarde ¿a qué hora llegaste? ¿Me quieres decir donde se mete alguien como tu un día entre semana hasta tan tarde?- mama pregunta, siempre pregunta, pero nunca espera respuesta.

Resulta gracioso ese fusilamiento interrogante, mientras, sube las persianas y abre las ventanas a la vez que arruga la nariz indicando que en mi habitáculo huele a muerto. Mi madre, mi heroína, mi valiente guerrera.
Cuando abro los ojos, su melena intenta tapar el mal despertar de su mayor castigo, su marido. No se atreve conmigo, pero si con ella. Me levanto, me echo agua en la cara y me lavo los dientes, entra el enano corriendo:
- ¡Mira tato, tengo una moto, es una “jarli”!
-¿Una “jarli”?
-Si una “jali devison”, no sabes de motos ¿eeeeh?
-Se dice Harley, enano y no, no sé de motos pero tú tampoco, ¿quién te ha dicho que es una Harley?
- Papa.
Me afeito mientras mi madre se acerca a decirme que la comida está lista:
 - ¿Qué ha sido esta vez?- le pregunto por el golpe del ojo.
- Una camisa de color, se confundió entre la ropa blanca, le destiñó la camisa y,    por supuesto las sabanas nuevas.
-¿Cómo no os he oído?
-Vendrías a por él y lo sabe, me arrastró hasta el patio de atrás, no es tonto.
- Es cobarde.
Me voy sin comer, se me ha vuelto a encoger el estómago de nervios y, de rabia. La desidia, el desconcierto y la venganza tienen una reunión en mi cabeza, quieren firmar una alianza, la tinta de la pluma es mi propia sangre así que, ya está, no hay cabida para el arrepentimiento, el contrato está firmado. Diecisiete años de borracheras y palizas es demasiado. Yo te salvaré mama, yo os salvaré. Me voy directamente al supermercado y compro siete botellas de vodka para mi fiesta de esta noche, las dejo en el lugar donde la celebraremos y me voy al barrio de Adán, a ver si se deja caer por el parque.
Comienza a oscurecer así que me despido de Ad y cojo mi rumbo.
Estoy en la puerta de su trabajo, sé que hoy saldrá tarde pero no me importa, es lo único que tengo que hacer. Ahí sale, ya me hierve la sangre, pobre diablo…Se sube al coche y me ve cuando está cerrando la puerta:
-¿Qué coño haces ahí?- me dice con la ventanilla a medio bajar y gritando desde el otro lado de la calle- si vienes por dinero ya puedes marcharte.
-Vengo a que me lleves a casa, Adán me ha dejado colgado.
- Pues sube, joder, no tengo toda la puta noche para ti, tengo que salir.

Claro que sí, pienso, ¿cómo no vas a que salir? Conduce y tose, tose mucho.
Saca de la guantera una botella de vodka que pone entre las piernas y abre con una mano. Le da un buen trago:
- ¿Te importa desviarte por la gasolinera?- le digo- me quedé sin tabaco.
- No me enredes niño, venga, rápido que tengo prisa- me dice mientras echa el freno de mano.

Entro en la gasolinera y compro el tabaco y una lata de gasolina que meto en una bolsa para que no la vea. Lo miro con desprecio a través del cristal mientras espero el cambio. Me sudan las manos. Voy hacia el coche, lo miro, le da otro trago a la botella, sonrío al verle pues los nervios han desaparecido de repente, ahora solo siento la adrenalina haciendo su trabajo. Arranca. Ahí vamos.
El camino de salida de la gasolinera es arenoso, tiene piedras pequeñas y gravilla suelta que hacen muy incómodo el transito. Para mí, es perfecto. La botella de vodka sigue entre sus piernas, vuelve a cogerla y a posarla en esos mugrientos labios, es el momento. Tiro del freno con una mano y con la otra empujo de la botella hacia su garganta:

-¿Quieres beber, hijo de puta?- le digo. Ahora mismo me siento inmenso,
          fuerte, justificado, imparable, poseído.- Pues te vas a hartar.

Me agarra la cabeza así que se la doy. Mi golpe rompe su nariz y lo deja medio atolondrado. Lo saco del coche, lo tiro al suelo, lo ato y le parto una pierna para que no se confunda ni engañe, para que no se escape, es muy falso.
Lo cojo por los pelos, como tantas veces le hizo él a mama, y lo llevo arrastro al maletero.
De repente las imágenes me bloquean por un momento. Se repiten en mi cabeza sus puños  sobre  los  preciosos  ojos  de  mi  madre, las patadas en su vientre, ya enfermo, los moretones en sus brazos y piernas, que en otro tiempo, habían despertado envidias y pasiones y su llanto sordo, el llanto de mi madre…
- ¿Dónde me llevas?- me pregunta el muy iluso.
- Nos vamos de excursión a la montaña, hace una noche preciosa y tú y yo vamos a disfrutarla fraternizando, querido padre.
- Estás loco, niñato- me dice tembloroso, sangrando a borbotones por la nariz.
-Solo intento mejorar nuestra relación papa, estamos un poco distanciados- le guiño un ojo y cierro el maletero con llave.

Me lo llevo monte arriba, hay una caseta abandonada, era de un lugareño cazador. Le he pedido a Adán que me dejase una piedrita para fumar en mi “fiesta”. Al abrir el maletero me encontré con una nariz tan hinchada que deformaba toda su cara, parecía un monstruo:
Por fin te sacas la careta, viejo- le dije.
Prácticamente lo llevé a rastro, de nuevo. Con una pierna rota y la nariz de un boxeador recién salido de un combate, parecía un tirado más de la calle. Al llegar le di un puñetazo en la mandíbula para poder abrir el candado tranquilo, está muy oxidado. Entro y abro todas las botellas de vodka que había dejado anteriormente, le doy una de ellas que no duda en coger y beber mientras yo preparo la fiesta:

-¿Qué vas hacer? ¿Vas a matarme a base de alcohol? ¿A mi?- se ríe a pierna suelta y yo me rió con él, eso lo desconcierta. Empiezo a ver el miedo en sus ojos- a pesar de todo soy tu padre ¿me oyes?- me dice mientras vuelvo al coche a por la garrafa de gasolina.
- Bebe- le digo mientras vuelvo.
- ¿Eso es gasolina?

Ahora soy yo el que lo agarro del cuello y le escupo mientras hablo:
- He dicho que bebas.- lo suelto- No seas tonto, cuanto más bebas, menos te dolerá. ¿Es tu vida, no? Tu verdadero y único amor, el vodka.- vuelvo a acercarme, puede ver ya su muerte reflejándose en mis ojos a medio milímetro de su cara- Pues morirás por él como buen amante.
Le tiemblan las manos cuando empina la botella, pobre diablo, sus días de humillación al débil se han terminado. Lo golpeo incansablemente y lo meto en la cabaña. Lo rocío todo con gasolina, a él también y acerco el coche lo máximo posible y lo rocío con el resto. Enciendo una cerilla y comienza la “fiesta” al infierno. Bajo caminando por el bosque tranquilamente pero sin pausa, sin mirar atrás, aliviado pero no contento. Se escucha una explosión cuando ya piso asfalto, el coche ya ha hecho su parte... Hago autostop. No tardan en llevarme:
- Oye no deberías andar por estos lugares a estas horas chico, sube.
- Gracias, señor. No hay de qué. Por cierto, ya que andas por aquí, te habrás enterado ¿no?
- No, no le sigo.
- Alguien ha incendiado el bosque, otra vez.
- Habrá sido Héctor, de nuevo.
- Si, eso creen…
- El fuego es lo único que acaba con los gérmenes.- el conductor me mira extrañado.
- No sé, no entiendo que placer encuentra la gente en quemar cosas.
- Yo tampoco... 

martes, 23 de abril de 2013

La observadora

Supongo que conoces esa sensación cuando alguien te observa, mires a donde mires, no ves a nadie pero sientes que está ahí, observando cada movimiento, estudiando cada una de tus actividades. A Mario le pasaba cada vez que salía al parque que hay frente a su casa, a pasear a su perro Kas. En cambio, no le molestaba esa sensación, le daba calidez y protagonismo, le agradaba aunque fuesen imaginaciones suyas, lo cual,era muy probable. A veces, esperaba encontrar a ese alguien, esperaba que se acercase a él y le dijese "yo soy quien te observa, yo soy quien te ama", pero las fantasías de Mario sobre una misteriosa dama enamorada se quedaban acomodadas en el sofá de sus ilusiones, viendo la tele desanimadamente, sin prestar atención, cual parado deprimido. Después de haber pasado con su ex novia el mayor de los calvarios, había asumido que quizás no había nacido para tener pareja, quizás ser un lobo solitario estaba predestinado aunque, sinceramente, la posibilidad no le entusiasmaba demasiado.
Una tarde de tantas, Mario salió con Kas al parque. Los niños se balanceaban en los columpios, reían y gritaban, otros cantaban dando vueltas y un solitario, jugaba con su camión naranja a cargar arena. Mario lo observaba, le recordaba a él cuando era pequeño, siempre rodeado de gente y queriendo estar solo. Ahora le pasa todo lo contrario.
Le tiró la pelota a Kas,esa sensación de ser observado, era más fuerte que otros días, pensaba que quizás se estuviese volviendo loco, que quizás sus ansias de querer lo estaban llevando a un estado casi de esquizofrenia,  suponiendo que eso fuese posible, claro. Volvió a lanzar la pelota al perro y, cuando se la trajo, escuchó reír al niño del camión. Al fondo vio a una chica sentada en un banco que bajó la mirada en cuanto Mario la miró, la chica se acercó al niño del camión, le dijo algo. El niño tiró la arena, lo limpió y cogió de la mano a la chica, quien miró a Mario por última vez. Mario pensó en su descaro, le gustaba, le había aguantado la mirada sin reparo, incluso un poco desafiante. Así que preparó un pequeño plan para el día siguiente, esperando que aquella morena le siguiese el juego. Pero no apareció, aunque eso no impidió que Mario se siguiese sintiendo observado. Se dio la vuelta y miró para su edificio; "tiene que estar en alguna parte, muy cerca", pensaba. Se sentó en un banco, en frente del edificio y comenzó a mirar ventana por ventana mientras le tiraba la pelota al perro hacia atrás... Allí estaba, en la penúltima ventana de la derecha fumando, sentada en el alféizar. Mario ya tenía todo lo que necesitaba de momento; una cara y una ubicación. Llamó a Kas, quien escarbaba en la tierra con la pelota al lado. Ató a su mascota y volvieron a casa. Al llegar puso una cafetera y calentó la sopa, hacía un frío de mil demonios aquel invierno. No dejaba de pensar en ella, en su precioso pelo negro, en esa mirada penetrante que lo dejó vagando por el cielo de la posibilidad, posándose en la nube más esponjosa y confortable, esperando que salga el sol más brillante, si cabe.
Aclarado el misterio de la observadora, se propuso hablar con ella, invitarla a un café, charlar un rato. Inventó mil nombres que ponerle a su bella admiradora y mil tonos de voz. Imaginó su primera cita perfecta, una complicidad inigualable, la mujer de su vida, sin duda; paciente con las adversidades e impaciente a la hora de besarle. En el tercer café se imaginó conociendo a sus padres, una casa de campo de antiguas y amplias habitaciones y un jardín de ensueño. Visionó, también, un domingo de barbacoa familiar y el anuncio   de su inminente boda. Dormitando en su sofá, vio entre sueños esa impresionante ceremonia, llena de rosas blancas esparcidas por una alfombra roja, su madre lloraba emocionada pensando en lo orgulloso que estaría su padre de la chica que había conseguido, al fin.
Al día siguiente doblaba turno en la fábrica para cubrir a Luis, que tenía al niño con pulmonía.Sonó el despertador , lo tiró contra la pared de enfrente y se puso la almohada encima de la cabeza, se avecinaba un desastroso día lleno de irritaciones externas y enfados momentáneos. Medio dormido se levantó y arrastrándose se dirigió al baño. Se miró al espejo, no tenía ánimos ni para afeitarse, así que se puso el uniforme, preparó la mochila para la hora del bocadillo, se abrigó bien y salió de casa. De camino pensó en cómo conseguir que el día no se le hiciese eterno, interminable y con un hilo musical de lo más psicótico y repetitivo. Entonces, apareció su admiradora en su mente, colapsando cualquier pensamiento negativo, destruyendo los muros que le impedían pensar con claridad y ver la luz del día.
En la fábrica también trabajaba su vecino Fran, un chaval alegre, dicharachero y algo cotilla:

- Buenas llanero solitario- le dice en la entrada, situándose detrás de él en la cola.
- Buenas Fran.
- Doblas turno hoy ¿no?
- Si...
- Yo también, necesito pasta.

Entraron e inmediatamente se pusieron a trabajar. Los pusieron en la cinta. Mario empezó a rondar pensamientos románticos con su admiradora. Recordó que Fran vivía en su edificio:

- Fran ¿en qué planta vives tu?
- En la séptima, en el C ¿por?
- Tu vecina...
- ¿Marta?
- No sé cómo se llama.
- Es la única chica de la planta, en el piso B vive un matrimonio anciano.
- ¿Está casada?
- No, cuida de su sobrino por las tardes ¿te gusta?
- Me observa.
- Bueno pero ¿te gusta?
- Si, mucho.
- Es algo rarita, pero muy guapa. Invítala a tomar algo.
- ¿Y cómo lo hago?
- Tu sabrás.

Mario le estuvo dando vueltas durante las dieciséis horas de trabajo. Necesitaba invitarla de una manera original, llamar su atención para que le resultase ridículo negarse.
LLegó a casa muy cansado, según iba pasando por las habitaciones, iba tirando bártulos y ropa que llevaba puesta, camino al baño. se le ocurrió dejarle una nota pegada en la puerta con una rosa. La maduró secándose con una toalla e imaginó un bello resultado y una cena romántica en el restaurante Ragazza, uno de los mejores de la ciudad. Se tapa con la toalla amarrándola a su cadera y llaman a la puerta. Mario se extraña, son casi las doce de la noche.
Al abrir la puerta se encuentra a su misteriosa amada, quien se abalanza sin decir una palabra sobre él y se lo come a besos. Mario no puede creer que algo así le pase a él, abre ligeramente un ojo mientras se besan para ver su linda cara corrompida por un deseo imparable, por un ansia desmedida. Por primera vez en muchos años, su alma sonríe.